La promesa de un
pobre
Acaso, tendré que besar la zapatilla de un noble, tal
como lo hizo Arnáu?
Humillarme sin dejar que mi boca grite lo que mis labios
le anuncian?
Permitir que otro calumnie contra mi,
apartar mi mano de la espada y huir como un cobarde, de
lo que nunca ha sido justo?
Esto ha hecho Bernard siempre, pensando que así logrará
su libertad,
pero lo cierto es que, entre más avanza, más esclavo es.
Hoy de un señor, mañana de otro, al fin,
siempre será un esclavo,
aunque nunca se haya rebajado a tal nivel.
La promesa de un hombre pobre nunca será cumplida,
no mientras tenga un enemigo que tape su boca,
amarre sus brazos y golpee sus pies;
sin
tocarlo, sin herirlo, tan solo, odiándolo.
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